Pan de avena y centeno

Muy buenas a todos!

Hoy les comparto una receta a la que le tengo mucho cariño: mi primer pan.

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Siempre me ha gustado el pan y si fuera por mí lo incluiría en todas las comidas porque soy de esas que con un buen trozo de pan te deja el plato tan reluciente que parece que lo acaban de limpiar (y quien dice plato dice la bandeja donde sirven la carne, o el botito de la salsa, o el bol de la ensalada… vamos todo recipiente con restos mojables ahí voy yo con mi trocito al ataque).

El problema de todo esto es que eso a lo que llamamos pan está demasiado desvirtuado. No hace mucho salí con Alejandro por Alcampo a buscar algún pan que se adaptara a mis espectativas… pues bien, después de leer como loca las etiquetas nutricionales de unos… digamos 15 paquetes distintos de pan, acabé comprando uno -a precio de oro-para celíacos-mas seco que un palo- que sigue muerto de risa en la despensa porque no me gusta nada y que aún así, misteriosamente después de casi un mes de abierto sigue intacto (a saber lo que tendrá…).

Total que ya con la mosca detrás de la oreja susurrándome “venga Andre, por qué no” y un bote de 30 claras de hacendado intactas presionando con caducarse en un futuro inmediato decidí que era el momento de intentarlo… y eso hice. Entré en Fitfoodmarket, encontré una receta de pan, adapté los ingredientes a lo que tenía en casa y quedó un pan increíble, memorable, super tierno y para nada empalagoso…

Vale a ver sí, reconozco que ese pan tiene una carga emocional importante, primero fue la ilusión de “venga, un pan”; luego llegó el hacerlo y la incertidumbre de “me estaré pasando con las claras, con el jengibre…” luego el momento horno (el cual aproveché para imaginarme otras posibles recetas si esto salía bien), la hora de esperar a que se enfriara, partirlo, fotografiarlo, comerlo… todo ese paciente proceso hace que no pueda ser imparcial, lo siento. Lo único que se me ocurre decir es que probéis a hacerlo y me contéis qué tal, sin tapujos, con la verdad por delante, estamos preparados (sí, he dicho estamos).

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Sin más (hoy estoy habladora jaja) les comparto a mi retoño:

Ingredientes:

  • 80 gr de harina de avena o harina en copos molida (lo que tengáis, yo por ejemplo solo tenía copos, los molí bien y listo)
  • 80 gr de harina integral de centeno (la compro en el herbolario)
  • 1 cucharada sopera de aceite de oliva
  • 100mL de leche (la que uses)
  • Claras de huevo (la cantidad no la sé, debieron ser unas 6 claras, las iremos añadiendo poco a poco a la mezcla hasta lograr la consistencia deseada)
  • 1 sobre de levadura
  • Especias (opcional): yo usé jengibre, pimienta y sal

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Preparación:

  1. Mezclamos las harinas y la levadura y lo removemos bien.
  2. añadimos la leche, la cucharada de aceite de oliva, la sal y las especias que queramos utilizar
  3. Vamos añadiendo las claras poco a poco. La masa tiene que ser húmeda, no es como los panes que se amasan y se amasan,  queda cremosa, espesa pero no trabajable con las manos ni de lejos (yo calculo que habré usado unas 5-6 claras)
  4. Preparamos un molde (yo utilicé papel de hornear, cubrí el molde y coloqué la masa encima, así me aseguré de que no se pegara.
  5. Horneamos durante 15 minutos a 200º a media altura
  6. Listo!! (dejar enfriar al menos 1 hora).

*Y así es como lo inaguramos Alejandro y yo: montaditos de salmón ahumado, queso crema ligth y eneldo, ñomii*

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